Ya había estado aquí en un par de ocasiones tomando algo en la barra. En general mi impresión fue mala, porque los camareros pasan bastante de ti, son muy pasivos para un sitio tan de paso como ese tramo de la Gran Vía, y con muy poca empatía para estar cara al público. Cuando surgió volver, esta vez a comer, tenía un poco de resquemor pero me hablaron maravillas de la comida y pensé darles otra oportunidad. La comida estaba buena, sí, peeero: 
No entiendo el sistema de mesas corridas en las que te ves obligado a compartir mesa con gente que no conoces, en un sitio donde te van a cobrar en torno a 25 euros por comer. Tampoco entiendo los bancos corridos para dos y encima sin respaldo. Ni por qué no es posible pedir las hamburguesas en mesa los fines de semana, y que sólo esten disponibles en mesa de lunes a jueves y a mediodía. Si las quieres pedir en fin de semana te relegan a la barra, cuando las hamburguesas cuestan 11 euros, un precio más o menos de cualquier otro plato. Y tampoco entiendo por qué son tan cutres de poner unos salvamanteles en las mesas de papel como si fuera el cubrebandejas del Burger King.
No sé a este sitio, para mi gusto le sigue faltando algo...




