Cuando ves la carta no sabes qué pedir, te pregunstas si acertarás con la elección o meterás la pata. La lees y la relees para ver si eres capaz de decidirte por algo. Los platos suenan a raro, las mezclas arriesgadísimas. Pero no sé si es que acerté o realmente es que está todo bueno. El carpaccio de atún rojo está delicioso, servido con remolachas, almendras y queso de cabra. Y el segundo, lomo de ciervo con crujiente de setas, salsa de frutos rojos y espuma de brie estaba buenísimo. Es un poco caro, porque para no haber pedido vino, ni postre y no habernos metido a experimentar con los vodkas salió por unos treinta y poco euros por persona. Los precios de la carta de vinos están un poco hinchados. Con referencias muy conocidas y unos 7 euros más caros que en otros restaurantes.
La decoración es muy minimalista, resulta acogedor, perfecto para una noche romántica, aunque la música no acompañaba demasiado.
Aunque cené muy bien, y el restaurante me gustó mucho, en este caso tengo que decir que lo mejor de la velada fue la compañía.





