jueves, 25 de febrero de 2010

Parador de Santo Estevo

Siempre había tenido la imagen de los Paradores como sitios rancios, con una decoración bastante pasada de moda y llenos de matrimonios mayores con “perras” en busca de un turismo tranquilote. Pero el Parador de Santo Estevo ha conseguido que mi opinión general sobre los Paradores cambiara, no radicalmente porque la cadena sigue conservando establecimientos tan rancios que como los que he descrito, pero sí ha despertado en mi la curiosidad por irlos descubriendo. Después de haber visitado alguno he confeccionado un ranking de Paradores rancios y que a medida que este blog vaya creciendo iré publicando.

Pero volviendo al hilo de esta entrada, que es a lo que yo venía, debo decir que el Parador de Santo Estevo es sin ninguna duda el lugar más inolvidable de los que he estado nunca. Y por eso se merece que la primera entrada oficial de este blog esté dedicada a él.

En primer lugar destacaría el magnífico edificio que alberga el hotel. Se trata de un Monasterio que, según dicen, data del siglo X que se sepa a ciencia cierta, pero también dicen que posiblemente sea anterior. A medida que vas llegando y lo ves en perspectiva desde arriba te das cuenta de que ese no es un hotel cualquiera.

Tiene 3 claustros al que dan la mayoría de las habitaciones, si tienes suerte o si puedes elegir, creo que las mejores son las que dan al claustro principal. Es una sensación increíble asomarte a la ventana y tener esa vista. Algunos de los pasillos de los claustros están acristalados y ofrecen unos cómodos sofás en los que poder tomar una copichuela tranquilamente si el tiempo no acompaña para estar en el patio del claustro principal o en esa terracita escondida que da al bosque y a la terraza donde estan el jacuzzi y el solarium del Spa.

La decoración de las habitaciones y del interior del hotel es toda de estilo contemporáneo, con muebles de diseño, combinados con un excelente gusto y los elementos decorativos como pinturas, esculturas, alfombras, etc., no desmerecen en absoluto el gran trabajo de interiorismo que han hecho en él.

El restaurante, es precioso. Su techo de piedra abovedado es altísimo y de él cuelgan unas lámparas preciosas. Es muy acogedor porque las paredes están recubiertas de paneles de madera. También tiene una terraza que da al bosque de castaños donde se puede salir a cenar, seguro que una cena ahí debe ser muy especial, lástima que cuando estuvimos el tiempo no lo permitió, pero espero volver y tener ocasión de hacerlo. Ni qué decir tiene que se come de maravilla. Igual que digo que los Paradores tienen un tufo rancio tremendo en general, debo reconocer que sus restaurantes merecen mucho la pena y el hecho de que dediquen sus cartas a platos regionales es un valor añadido. También suelen tener unas cartas de vinos bastante interesantes. Fue un descubrimiento en el Parador de Santo Estevo el Abadía da Cova Mencía.

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